Sobre el libro
Madame Bovary, publicada en feuilleton en 1856 y al año siguiente en volumen, valió a Gustave Flaubert un proceso judicial por «ultraje a la moral pública» del que fue absuelto. Flaubert dedicó cinco años a esta novela, en una búsqueda del «mot juste» que transformó la concepción del estilo narrativo en Francia. Emma Rouault, hija de un granjero normando educada en un convento, se casa con Charles Bovary, médico rural mediocre y bondadoso. Emma espera de la existencia algo que se parezca a las novelas que ha leído; lo que encuentra es Yonville, la contabilidad doméstica, y dos amantes que tampoco están a la altura de sus fantasías.
Temáticas y significado
La técnica central de la novela es el estilo indirecto libre, que Flaubert sistematizó hasta convertirlo en instrumento de una ironía sin comentario. Cuando la narración se desliza imperceptiblemente hacia la conciencia de Emma, el lector ya no sabe si lo que lee es descripción o crítica. Esta ambigüedad calculada hace imposible cualquier juicio moral simple sobre la protagonista: Emma es ridícula en sus ilusiones románticas y trágica en su lucidez final. El término bovarismo, acuñado desde 1892, designa precisamente esa facultad de concebirse de otra manera a como se es.
¿Por qué leerlo hoy?
Madame Bovary sigue siendo uno de los textos narrativos más traducidos del mundo porque Flaubert logró algo estructuralmente difícil: construir una figura en la que se ven simultáneamente el ridículo y la dignidad sin que el texto resuelva el conflicto en favor de ninguna de las dos lecturas. La pregunta de si Emma merece nuestra compasión o nuestra ironía es exactamente la pregunta que la novela niega a responder, y esa negativa es lo que la mantiene viva.