Sobre el libro
La segunda parte de Don Quijote de la Mancha, publicada en 1615, diez años después de la primera, es generalmente considerada por la crítica una obra más compleja y madura que su predecesora. Cervantes la escribió también en respuesta al Quijote apócrifo de Avellaneda, publicado en 1614, y esa reacción produce uno de los juegos metaficcionales más audaces de la literatura: en la segunda parte, los personajes han leído la primera y debaten si se ajusta a sus recuerdos. Don Quijote y Sancho conocen a personas que les reconocen por el libro, lo que multiplica las capas entre ficción y realidad.
Temáticas y significado
El don Quijote de la segunda parte es un personaje más consciente de su propio papel. En varios episodios duda de sus propias percepciones antes de actuar, y hay momentos en que su cordura se filtra a pesar suyo. Sancho, por su parte, ejerce como gobernador de la ínsula Barataria con una sabiduría práctica que contradice la imagen del escudero ignorante: sus juicios son equitativos y su sentido común desconcierta a quienes le pusieron como prueba. La decadencia de don Quijote hacia la enfermedad final tiene en la segunda parte una densidad emocional que la primera no alcanzaba.
¿Por qué leerlo hoy?
Leer las dos partes de Don Quijote como unidad es comprobar que Cervantes expandió y profundizó su proyecto en la segunda entrega en lugar de simplemente repetirlo. La arquitectura metaficcional de 1615 es más sofisticada que la de 1605, y el final del libro, con la muerte de don Quijote, es uno de los cierres más melancólicos y honestos de toda la literatura española: la razón regresa, pero lo que devuelve ya no es una vida plena sino su ausencia.