Sobre el libro
El proceso, novela inacabada de Kafka cuya redacción principal data de 1914-1915, fue publicada póstumamente en 1925 por Max Brod a pesar de la instrucción explícita de Kafka de destruirla. Josef K., apoderado de un banco, es detenido una mañana sin que se le comunique el motivo de su detención. Durante los meses siguientes intenta comprender los cargos que pesan sobre él y encontrar abogados capaces de representarle ante un tribunal del que no sabe dónde tiene su sede. Es ejecutado un año después, sin que su culpabilidad o inocencia haya sido establecida.
Temáticas y significado
El adjetivo «kafkiano» se ha convertido en sinónimo de una forma particular de absurdo burocrático, lo que reduce considerablemente el alcance de la novela. Lo que Kafka describe es algo más preciso: un sistema de poder que funciona haciendo imposible la defensa, porque las reglas no son comunicadas a quienes las infringen. Josef K. no puede defenderse porque no sabe de qué se le acusa —y quienes componen el tribunal saben con precisión que esa ignorancia es constitutiva de su poder—.
¿Por qué leerlo hoy?
El proceso ha sido leído como anticipación de los regímenes totalitarios del siglo XX, como parábola religiosa sobre la culpa original, y como análisis del funcionamiento de las instituciones opacas. Esas lecturas no se excluyen, y es la marca de un gran texto poder sostenerlas simultáneamente. Lo que es cierto es que la descripción de una situación donde la culpabilidad se presupone antes de que la falta esté definida describe un mecanismo de poder cuyas formas contemporáneas no escasean.