Sobre el libro
Frankenstein o el Prometeo moderno, publicado anónimamente en 1818 cuando Mary Shelley tenía diecinueve años, surgió de una apuesta literaria pactada en junio de 1816 en la Villa Diodati, cerca de Ginebra. Victor Frankenstein, estudiante de ciencias naturales, consigue animar una criatura ensamblada con partes de cadáveres. El horror que le provoca su creación le lleva a abandonarla inmediatamente. La criatura, librada a sí misma, aprende el lenguaje, descubre su origen, y emprende una destrucción sistemática de los seres queridos de Frankenstein después de que este le niega una compañera.
Temáticas y significado
La estructura narrativa de Frankenstein es triple y deliberadamente puesta en abismo: Walton escribe a su hermana desde el Ártico; transmite lo que le ha contado Frankenstein; y en el centro, la criatura cuenta su propia versión de la historia. Esta estructura da voz a la criatura que el discurso de Frankenstein tiende a silenciar, y obliga al lector a evaluar simultáneamente dos relatos incompatibles. Mary Shelley rechaza pronunciarse entre la culpa de Frankenstein, que creó un ser sin preocuparse de su destino, y la de la criatura, que mata inocentes en reacción a su abandono.
¿Por qué leerlo hoy?
Frankenstein ha generado una de las mitologías culturales más productivas de la historia literaria. En la novela, lo que Frankenstein creó no tiene nombre, y esa ausencia de nombre —de estatuto, de identidad reconocida— es la fuente de su sufrimiento. Las preguntas que el texto plantea sobre la responsabilidad del creador hacia su creación y las condiciones de acogida de un ser radicalmente otro se han vuelto centrales en los debates contemporáneos sobre inteligencia artificial.