Sobre el libro
Las flores del mal, publicadas en junio de 1857, valieron a Charles Baudelaire un proceso por «ultraje a la moral pública»: seis poemas fueron condenados y retirados del volumen, condena no revisada oficialmente hasta 1949. La colección, en su versión definitiva de 1861, comprende ciento veintiséis piezas organizadas en seis secciones —Spleen e Ideal, Cuadros parisinos, El vino, Las flores del mal, Rebelión, La muerte—, una arquitectura que traza un itinerario espiritual desde la tensión entre elevación y depresión hasta las únicas salidas que Baudelaire considera reales.
Temáticas y significado
Baudelaire es el primer poeta francés que hace de la ciudad moderna —París bajo Haussmann, sus prostitutas, sus ciegos, sus viejas— un sujeto poético a parte entera, sin idealización ni condescendencia. La teoría de las Correspondencias no es una metafísica sino el instrumento de una poética: permite a Baudelaire tratar la realidad urbana más trivial como materia de revelación. El Spleen es el concepto clave: no es la melancolía romántica, sino algo más fisiológico y menos noble, un aplastamiento que ni la belleza ni el amor logran disolver duraderamente.
¿Por qué leerlo hoy?
Las flores del mal constituyen el punto de partida reconocido del simbolismo y de casi toda la poesía moderna. Leerlas hoy es medir hasta qué punto la modernidad poética es baudeleriana en sus presupuestos: que la belleza puede residir en lo feo o lo degradado, que la subjetividad del artista es un prisma legítimo para tratar la realidad colectiva, y que un poema puede ser simultáneamente una forma musical rigurosa y un acto de pensamiento filosófico.