Sobre el libro
Fausto, cuya primera parte fue publicada en 1808 y la segunda en 1832 poco antes de la muerte de Goethe, es la obra a la que Goethe dedicó más de sesenta años de su vida. El sabio Fausto, que ha agotado todas las disciplinas sin alcanzar el conocimiento fundamental que busca, concluye un pacto con Mefistófeles: si Mefistófeles logra que le diga de algún momento que es tan bello que desearía que se detuviera, Fausto le pertenecerá. La primera parte, de lejos la más leída, se centra en la relación de Fausto con Margarita (Gretchen), joven inocente a quien seduce y destruye.
Temáticas y significado
Goethe va más allá de la leyenda medieval de la que se inspira. Mefistófeles no es simplemente el representante del mal: se define a sí mismo en el Prólogo en el Cielo como «una parte de esa fuerza que siempre quiere el mal y siempre hace el bien». Es la negación necesaria, el principio de contradicción sin el cual ninguna energía sería posible. Fausto no busca poderes sino la totalidad de la experiencia humana —sentimiento, pensamiento, acción—, y ese apetito de absoluto es lo que lo hace a la vez admirable y destructivo para Margarita.
¿Por qué leerlo hoy?
La primera parte de Fausto es accesible sin el contexto filosófico que encuadra la segunda, y es por ella por donde conviene comenzar. La escena en la cocina de la bruja, las noches en el Brocken, y sobre todo las escenas entre Fausto y Margarita alcanzan una densidad lírica y dramática que no ha perdido su fuerza. Lo que Goethe capturó en la figura de Fausto —el hombre que no puede detenerse, que destruye lo que ama porque no puede conformarse con poseerlo— ha permanecido en el centro de las representaciones de la ambición intelectual y científica desde entonces.